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Hombres G: 40 años no es nada


El mítico grupo inicia su gira de aniversario en un Wizink feliz.

Publicada en el Diario ABC el Sábado 31 de Diciembre de 2022.

Hablaba por la mañana con mis primos pequeños Pablo y Sol. Tienen cerca de 10 añitos y no conocían a la banda; entonces les he cantado las inmortales líneas: “Hoy me he levantado dando un salto mortal…” y se les ha iluminado la cara porque, ¡claro que conocen a los Hombres G! Hay un parecido razonable entre el brillo de sus ojos inocentes y llenos de fuerza y los de David Summers, veterano en mil y una guerras. Es la vida, creo, y lo que esta provoca en el alma cuando la llena de un propósito que la trasciende. El de Summers y los Hombres G es cantar, tocar y poner a la gente a bailar; algo reservado para unos pocos elegidos. Hoy en el Wizink inician su gira de aniversario, el 40, que les va a llevar por 14 países durante el 2023, un hito en la historia del grupo.
Los G-Men dividen el concierto en tres bloques (cronológicamente) y reciben a los rezagados (yo) con un vídeo que recopila momentos televisivos de las últimas cuatro décadas. La gran ovación se la lleva Jordi Hurtado, meme del Jurásico, cuando aparece en pantalla. En lo musical, “Venezia” pone en marcha la cuarta década. Canción de estilo, deja las cosas claras con su bajo poderoso, guitarras distorsionadas y batería dominante. El primer gran tema de la noche es “Dos imanes”, con una vuelta de tuerca adicional en el rol de la segunda guitarra. Son tan limitados los elementos de los que disponen (son cuatro músicos), que los pequeños detalles son la diferencia entre una canción “sin más” y un éxito.
Entre crescendos de batería, otro recurso imprescindible, sigue “Sólo otra vez”, donde Summers sienta cátedra cantando. La primera “balada” es “Hace un año”, que se contrae dolorida en los acordes menores del puente. En este primer bloque de clásicos destaca “Vuelve a mí”, una canción que muestra por enésima vez que los Beatles son eternos y los Rollings unos impostores.
El segundo bloque, el de la “madurez artística” que diría si fuera crítico, arranca con “Voy a pasármelo bien”, un rock n’roll de manual que no necesita análisis. “Chico tienes que cuidarte”, probablemente porque se suma la sección de vientos, brilla en este intermedio. Es una canción elegante, con muchos detalles minúsculos, y los célebres  vientos, a quienes he echado de menos, suben la energía del concierto. También es buena balada, aunque no la mejor, “Te quiero”. Se mueve entre el ritmo binario y el ternario, sugiriendo uno y encarnando el otro, en una instantánea pastelosa que busca ser un vals. Aplaude la hinchada, con sus arrugas y ron-colas, y termina el segundo pase.
El final arranca con “Esta es tu vida”. Al cronista le gusta “Qué soy yo para ti”, pues saca su lado más sensible y cursi. Estas baladas en castellano, sin duda importadas, tienen una dependencia letal a las armonías de Tin Pan Alley, templo de la música moderna. En este tercer bloque hay ya más de diez músicos sobre el escenario (ha salido un sexteto de cuerda) y las canciones cambian. Con mucho más color, suenan realmente bien “Lo noto” y “No te escaparás”, dos canciones que en directo parecen brillantes. Más orquestal, destaca “Te necesito”, una canción que muestra el lado baladero y casi “crooner” de David Summers. El Wizink ya hace rato que las canta todas y el tiempo, ese Dios inmisericorde, parece estático.
El final es, lógicamente, “Sufre mamón”, y el Wizink se cae como ficha de dominó en una película mala. Yo me marcho antes, un poco como el año, y en la retirada sólo pienso en mis primos Sol y Pablo, que no les conocen de nada y en cambio les conocen de siempre. 40 años no es nada.

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